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Hijo Puta 12 Nov, 2009

Posted by ZorroNegro in General.
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Estaba sentado el otro día delante de mi ordenador cuando me acordé que tenía que llamar por teléfono a un compañero.
Descolgué el auricular y marqué el número de memoria.
Me contestó un tipo con muy mal humor diciendo:
‘¿Qué quiere?’.
‘Soy Ignacio Martínez, ¿podría hablar con Roberto Espárrago?’ dije
amablemente. ‘Te has equivocado, gilipollas’, me respondió y acto seguido colgó.

No daba crédito a lo que me estaba ocurriendo. Cogí mi agenda para buscar el número de mi compañero y comprobé que, efectivamente, me había equivocado. Pero como aún recordaba el número ‘erróneo’ que había marcado anteriormente, decidí volver a llamar a aquel tipo y cuando me cogió el teléfono no esperé a que contestase y le dije: ‘Eres un
hijoputa’, y colgué rápidamente. Inmediatamente apunte aquel número en mi agenda junto a la palabra ‘hijoputa’.

Cada dos o tres semanas, cada vez que estaba cabreado porque me llegaba una letra inesperada, o un aviso de multa, o discutía con mi mujer, o alguna situación por el estilo volvía a llamarlo y sin dejarle contestar le decía:
‘Eres un hijoputa’. Esto me servía de algún modo como terapia y me hacía sentirme mucho más relajado.

Unos meses después, la maldita Telefónica introdujo el servicio de
identificación de llamadas, lo cual me deprimió un poco porque tuve que
dejar de llamar al ‘hijoputa’. Pero de repente, un día se me ocurrió una idea: Marqué su número de teléfono y cuando escuché su voz le dije: ‘Hola, le llamo del departamento de ventas de Telefónica para ver si conoce nuestro servicio de identificación de llamadas’. ‘No’ me dijo el tío grosero, y me colgó el teléfono.
Rápidamente lo volví a llamar y le dije: ‘Eres un hijoputa’.

Un mes después, estaba yo esperando con mi coche a que una anciana saliera de la plaza de aparcamiento del Hipercor. Esta lo hacía muy lentamente y cuando terminó la maniobra y me disponía yo a ocupar la plaza libre, apareció un Golf GTI negro a toda velocidad y se metió en el hueco que iba yo a ocupar. Comencé a tocar el claxon y a gritar: ‘¡Eh, oiga!, ¡que estaba yo esperando!, ¡no puede hacer eso!’.
El tipo del Golf se bajo, cerró el coche y se fue hacia el centro comercial ignorándome como si no me hubiera oído. Yo me quedé completamente frustrado y pensé: ‘Este tío es un hijoputa. El mundo está lleno de ellos’.. Justo en ese momento vi un letrero de ‘SE VENDE’ en el cristal de atrás del Golf. Lógicamente anoté el número y me fui a buscar otra plaza de aparcamiento.

A los dos o tres días, vi en mi agenda el número del ‘hijoputa’ y me acordé que había anotado el número del tipo del Golf. Inmediatamente le llamé y le dije:
– ‘Buenos días. ¿Es usted el dueño del Golf GTI negro que se vende?’
– ‘Sí, yo mismo’
– ‘¿Podría decirme dónde puedo ver el coche?’
– ‘Sí, por supuesto. Yo vivo en la calle de Don Ramón de la Cruz esquina con Montesa, es un bloque amarillo y el coche está aparcado justo enfrente de la casa’
– ‘¿Cómo se llama usted?’
– ‘Enrique Juárez’
– ‘¿Que hora sería la mejor para encontrarme con usted y discutir los
detalles de la operación, Enrique?’.
– ‘Pues yo suelo estar en casa por las noches’.
– ‘¿Puedo decirle algo, Enrique?’
– ‘Si, claro’
– ‘Enrique, eres un hijoputa de la hostia’, y colgué el teléfono.

Inmediatamente después de colgar anoté el número en mi agenda al lado del otro, pero en este puse el nombre de ‘hijoputa II’.
Ahora tenía dos ‘hijoputas’ para llamar y así estuve durante dos o tres meses, llamando ahora a uno, ahora a otro; hasta que comenzaba a aburrirme un poco.

Me puse a pensar en serio sobre cómo resolver este problemilla y al cabo de un par de whiskys se me ocurrió algo. Primero llamé al ‘hijoputa I’:
– ‘Dígame’
– ‘Hola hijoputa’ – pero esta vez no colgué.
– ‘¿Estas ahí todavía, verdad, cabrón?’
– ‘Si, hijoputa’.
– ‘Deja ya de llamarme o….’
– ‘Noooooo’.
– ‘Si supiera quién eres te rompía la boca’, me dijo.
– ‘Me llamo Enrique Juárez y si tienes cojones vienes a buscarme. Vivo en la calle Don Ramón de la Cruz esquina Montesa, en un bloque amarillo, justo en la puerta donde hay aparcado un Golf GTI negro, so hijoputa’
– ‘¡¡¡Ahora mismo voy para allá!!! Tu sí que eres un hijoputa y ya puedes ir rezando todo lo que sepas. Te voy a matar a hostias’
– ‘¿Sí?. ¡Que miedo me das, hijoputa!’ y colgué el teléfono..

Inmediatamente llame al hijoputa II:
– ‘Dígame’
– ‘Hola hijoputa’ y no colgué.
– ‘Como te pille algún día…’
– ‘¿Que me vas a hacer, hijoputa?’
– ‘Te voy a patear las tripas, pedazo de cabrón’
– ‘¿Sí?, pues a ver si es verdad, hijoputa. Ahora mismo voy hacia tu casa’ y colgué.

Por último, cogí el teléfono y llame a la policía. Les dije que estaba en la calle Don Ramón de la Cruz esquina con Montesa y que iba a matar a mi novio homosexual en cuanto llegara a casa.
Luego hice otra llamada rápida a ‘Madrid directo’ y les dije que iba a haber una pelea de pandillas en la calle Don Ramón de la Cruz esquina Montesa.
Y entonces me monté en mi coche y me fui para allá a toda leche. Te juro que es una experiencia que nunca olvidaré. La mayor pelea que he visto en mi vida. Hasta los cámaras de Telemadrid se llevaron lo suyo.

En fin, después de esto espero que cuando te llame por teléfono me contestes en tono amable.
Ya sabes, no es bueno que yo me irrite.

 

 

Relato ganador de un premio de novela corta… seguro que tratando de emular a  Psicodelirium

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Canciones populares, hoy: La Leyenda del Roble 20 Jun, 2008

Posted by dragoonslayerck in Canciones Populares.
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11 comments

Bueno pues la entrada de hoy, va dedicada a las canciones populares que tenemos en España. Espero que canciones como estas nunca desaparezcan de nuestro cancionero……

Dedicada a todos los que haceis posible que OctavaVida salga adelante…..

Pa vosotros la 8ªvida chuloooos!!!   x)

Muchas gracias a Wii®edzma por enseñarme estas cosas tan bonitas :3

En un antiguo condado

de estirpe y prosapia noble

entre peñas olvidado

hubo un pueblo cautivado

por la leyenda del roble

 

 

Afincado entre jarales

y otorres mochas, umbrías

fenecíanse los días

cabe los vastos nogales

de hojas secas y sombrías

 

Y como nido de cuervos

entre peñascos acervos

y caídos torreones,

se alzaba un castillo protervo

de tres pares de cojones.

 

Era el señor del castillo

de vida asaz disoluta,

un gachó de horca y cuchillo,

mala leche, bruto y pillo,

un verdadero hijoputa.

 

Se llamaba Beremundo

de Atalante y Puntalaba,

y era el cabrón tan fecundo

que se encandilaba… y daba

por el culo a todo el mundo.

 

En el lance o la venganza

jamás enemigo tuvo.

Con vigor y con pujanza

usó la picha por lanza

y los cojones de escudo.

 

Siempre andaba dando vueltas

tras una moza fornida

de carnes duras y prietas

con dos formidables tetas:

¡Una gachí cojonuda!

 

Era su cuerpo sin faja

asombro de todo el mundo.

El Conde, pensando en su raja,

se hacía en su honor… ¡una paja!

¡Vaya cerdo el Beremundo!.

 

Un día que con sus gentes

iba a los montes de Arnedo,

se encontró junto a la fuente

a la muchacha inocente

que se hurgaba con el dedo.

 

La llevaron junto a un roble,

le sujetaron los brazos,

y abriéndole los muslazos

Atalante ¡el conde innoble!

le sacudió tres polvazos

 

¡Aquello fue la remonda!:

La doncella, aunque cachonda,

se resistió como un mulo.

El Conde dijo: ¡Otra ronda!

y le atizó por el culo.

 

Gerineldo, el bello paje

viendo al Conde en aquel cuadro

lloraba por el ultraje:

Pues, aunque de humilde linaje,

era un niño al fin y al cabo.

 

 

Por ser dulce, guapo y fino,

le llamaban Pompolino.

Claro está que lo comprendo,

¡era un maricón tremendo!,

¡al pan … pan! y ¡al vino…vino!

 

Como tenía esa vena,

advirtió que algo faltaba

para completar la escena;

y lo que quedaba era

dar por el culo a Puntalaba.

 

Al notar que un bulto extraño

le atravesaba la ropa,

el Conde exclamó:

¡No me engaño!

¡Me están dando por la popa!

 

¡Mas juro por el dios Baco!

dijo ya sin disimulo:

¡A mí me darán por culo,

pero yo no me la saco!

 

Y ya cachondo y sin tregua

el Conde, que la agarraba,

le metió el cipote entero,

mientras el paje le echaba

gasolina en el trasero.

 

Dejáronla como una criba

los hidalgos y Atalante,

por debajo y por arriba,

por detrás y por delante.

 

La doncella quedó muerta…

 

No se sabe a ciencia cierta

qué fue lo que la mató:

Si el colmo de la dicha

o los tres metros de picha

que Atalante le metió.

 

Hoy el tiempo ya ha pasado;

del castillo derrumbado

apenas queda el escudo,

y las gentes se olvidaron

de aquel lance peliagudo.

 

Y nació una triste leyenda

por culpa de la jodienda

entre el Conde y la fermosa:

¡Escuchad con atención!…

¡Que tiene huevos la cosa!.

 

Y es que una doncella astuta

cierta noche declaró

que en el fondo de una gruta

Beremundo apareció…

¡Si sería hijo de puta!.

 

Le buscaron los villanos

con faroles en las manos…

y unidos en más de ciento

(con una chapa detrás),

fueron a verle al momento.

 

De pronto vieron al Conde

desnudo junto a la gruta

que se abría cerca el Roble.

Era un gran hijo de puta

pero al fin y al cabo… noble.

 

La polla a rastras traía

el fantasmal Beremundo,

tan larga como aquél día;

lo que prueba que seguía

cachondo en el otro mundo.

 

Con un cabrón semejante

ni la Parca acabar pudo…

y no menguó ni en un instante

la minina de Atalante.

¡Era un tío pelotudo!.

 

Gerineldo, con su historia,

figuraba ya sin vida

en el cortejo de gloria,

con una vela encendida

y el culo por palmatoria.

 

Detrás marchaba un doncel

ostentando con orgullo

un farol en el capullo

y en cada huevo un quinqué.

 

Orientóse entre las sombras

por el olor a chumino

que salía de las frondas

y encontró junto al camino

doce mancebas cachondas.

 

Cachondas sí ¡no me engaño!

Cachondas sí, por el nabo

que arrastraba Beremundo.

Porque aunque del otro mundo

era un nabo al fin y al cabo.

 

Sin dejarlas respirar

el Conde comenzó a hablar:

¡¡Doncellas!!, es mi desdicha

tener siempre que vagar…

¡hasta que me muerdan la picha!

 

Aunque os importe un cojón

esto que os hago saber,

como es mi salvación

me la tenéis que morder

¡por la gloria de Cotón!

 

Lo dijo con gesto fiero:

su diestra en la espada apoya,

mientras su fiel escudero

le perfuma, con esmero

la cabeza de la polla.

 

La manceba más pimpante

se acercó con desparpajo:

¡Acabemos pronto el lance!;

y le arrancó del carajo

los tres metros a Atalante.

 

Al ver su polla colgante

el Conde demostró asombro,

mas luego con buen talante

se la cargó sobre el hombro

y se marchó tan campante.

 

Y jura aquél que lo vio,

que del Roble, entre las vetas,

el Conde se las piró.

Es seguro que marchó

al Infierno…a hacer puñetas.

 

Y si os gustó la mi historia,

¡aplaudid sin disimulo!

si lo hacéis… ésa es mi gloria,

y si no…¡que os den por culo!.

 

Fin

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